DISFRUTA DE TU LIBERTAD EMOCIONAL

“El regalo más lindo que tiene la humanidad es la posibilidad de sentir.”
— Ale Sanabria

Incluye Mapa Emocional (descargar abajo)

Disfruta tu libertad emocional

¿Alguna vez has sentido que tus emociones tienen el control de tu vida? Que un comentario te arruina el día, que la actitud de alguien determina cómo te sentís o que pasás horas pensando en algo que sucedió y no lográs soltarlo.

Creo que una de las cosas más bonitas que podemos aprender como seres humanos es que tenemos la capacidad de sentir sin tener que vivir a dominados de cada emoción.

Y quiero que entendamos algo. Disfrutar de tu libertad emocional no significa que vas a dejar de sentir tristeza, enojo, miedo o frustración. Tampoco significa que vas a convertirte en una persona que nada le afecta. Somos seres humanos y sentir es parte de nuestra naturaleza.

La libertad emocional comienza cuando entendés que podés experimentar una emoción sin permitir que esta decida por vos.

Sentir no es el problema

Muchas veces intentamos evitar las emociones que nos incomodan. Nos distraemos, hacemos como si nada estuviera pasando, nos llenamos de actividades o buscamos la manera de dejar de sentir lo antes posible.

Pero las emociones cumplen una función. El miedo puede alertarnos de un peligro, el enojo puede indicarnos que percibimos una injusticia y la tristeza puede ayudarnos a procesar una pérdida.

El problema aparece cuando no sabemos qué hacer con lo que sentimos y terminamos reaccionando de maneras que nos hacen daño o afectan nuestras relaciones.

Por ejemplo, podés sentir enojo con tu pareja sin necesidad de gritarle. Podés sentir miedo ante una oportunidad nueva y aun así decidir intentarlo. Podés sentir tristeza porque alguien se alejó de tu vida y, al mismo tiempo, seguir construyendo una vida que te haga feliz.

Sentir una emoción y actuar de acuerdo con ella no son la misma cosa.

Y esta diferencia puede cambiar muchas cosas en nuestra vida.

No tenés que creer todo lo que sentís

¿Te ha pasado que sentís que alguien está molesto con vos y comenzás a repasar mentalmente todo lo que dijiste? ¿O que cometés un error y de inmediato pensás que no sos suficientemente buena?

Las emociones pueden influir en la manera en que interpretamos lo que sucede. Sin embargo, lo que sentimos no siempre representa toda la realidad.

Podés sentirte incapaz y tener muchas capacidades. Podés sentir que todo va a salir mal y no tener evidencia suficiente para llegar a esa conclusión. Podés sentir que alguien te rechazó cuando, en realidad, no conocés las razones de su comportamiento.

Por eso es tan importante aprender a cuestionar nuestros pensamientos y no asumir que cada interpretación que hacemos es un hecho.

El psicólogo Jordan Peterson ha hablado en diferentes ocasiones sobre la importancia de asumir responsabilidad por nuestras decisiones y nuestra manera de afrontar la vida. Esto también nos invita a revisar cómo respondemos ante las dificultades, en lugar de quedarnos únicamente en lo que nos sucede.

No podemos controlar todas las circunstancias ni las acciones de los demás, pero sí podemos trabajar en la manera en que interpretamos y afrontamos muchas de esas experiencias.

Y esto se aprende con práctica.

La inteligencia emocional también se aprende

Daniel Goleman popularizó el concepto de inteligencia emocional y destacó la importancia de reconocer nuestras emociones, comprenderlas y aprender a regularlas, además de desarrollar empatía hacia los demás.

Esto es importante porque nadie nace sabiendo manejar todas sus emociones.

Aprendemos muchas de nuestras respuestas emocionales desde pequeños. Quizás creciste en un ambiente donde expresar enojo era considerado algo malo, donde llorar era una señal de debilidad o donde tenías que estar bien para no preocupar a nadie.

Tal vez aprendiste a callarte para evitar conflictos o a complacer a los demás para sentirte aceptada.

Y aunque esas respuestas pudieron ayudarte en algún momento, no significa que tengan que acompañarte toda la vida.

Podés aprender nuevas maneras de responder. Podés desarrollar tolerancia a la frustración, expresar lo que necesitás, poner límites y reconocer cuándo una emoción está influyendo demasiado en tus decisiones.

Tu historia influye en vos, pero no tiene por qué determinar todas tus respuestas futuras.

¿Cómo comenzar a disfrutar de tu libertad emocional?

Quiero compartirte algunas ideas sencillas que podés comenzar a practicar.

1. Aprendé a ponerle nombre a lo que sentís.

En lugar de decir que estás mal, intentá identificar qué está pasando. ¿Sentís tristeza, decepción, miedo, vergüenza, frustración o soledad? Cuanto mejor comprendás tu experiencia emocional, más fácil será identificar lo que necesitás.

2. Hacé una pausa antes de reaccionar.

No tenés que responder inmediatamente a cada mensaje, discusión o situación incómoda. Podés tomarte unos minutos, respirar y pensar qué respuesta sería más útil para vos. Una pausa no es evitar el problema, es darte la oportunidad de responder con mayor conciencia.

3. Revisá los pensamientos que acompañan tus emociones.

Preguntate qué evidencia tenés de lo que estás pensando. ¿Estás interpretando una situación o describiendo un hecho? ¿Estás anticipando lo peor? ¿Estás generalizando a partir de una experiencia negativa? Aprender a reconocer estas diferencias puede ayudarte a relacionarte de una manera más saludable con tus emociones.

4. Permitite sentir sin juzgarte.

No sos débil por llorar, no sos una mala persona por sentir enojo y no estás retrocediendo porque un día te sintás triste después de una temporada difícil. Las emociones no son un examen que tenés que aprobar. Son experiencias que podés aprender a comprender y manejar.

5. Elegí cómo querés actuar.

Esta es una de las partes más importantes. No siempre podés elegir lo que sentís en un momento determinado, pero podés desarrollar la capacidad de decidir qué hacer con eso. Podés sentir enojo y elegir hablar con respeto. Podés sentir miedo y avanzar poco a poco. Podés sentir culpa y aun así reconocer que tenés derecho a poner límites saludables.

No siempre te va a salir bien. Habrá días en los que reaccionés de una manera que después quisieras cambiar. Lo importante es que puedas revisar lo ocurrido, aprender y volver a intentarlo.

Tu libertad emocional es una posibilidad

Quiero que te quedés con esta idea: no tenés que esperar a que desaparezcan todas tus emociones incómodas para comenzar a disfrutar de tu vida.

Podés sentir miedo y disfrutar de una experiencia nueva. Podés sentir tristeza y compartir un momento bonito con las personas que amás. Podés sentir incertidumbre y continuar trabajando por tus objetivos.

La vida no tiene que detenerse cada vez que aparece una emoción difícil.

Nuestro cerebro tiene capacidad de aprender nuevas respuestas y, con práctica, podemos desarrollar habilidades que nos permitan afrontar mejor las situaciones cotidianas. Este proceso no ocurre de un día para otro, pero cada pequeña oportunidad de responder de una manera diferente cuenta.

Y si sentís que tus emociones te desbordan con frecuencia, que afectan tus relaciones o que te cuesta mucho salir de determinados patrones, buscar acompañamiento psicológico también puede ser un paso importante.

Disfrutar de tu libertad emocional no significa sentir menos. Significa comprenderte mejor, darte permiso para sentir y descubrir que tenés más posibilidades de las que imaginabas para decidir cómo querés vivir.

LA SALUD MENTAL SE CONSTRUYE UN PASO A LA VEZ.



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Versículo Lema: Porque olvidarás tu aflicción, como aguas que han pasado la recordarás”. Job 11:16 RV-60

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