Pensé que amar era sufrir para siempre…
hasta que entendí esto
Hay dolores que cambian la forma en que respiramos el mundo, esos que nos hacen creer que no vamos a volver a respirar igual o que la vida se puso de repente en blanco y negro.
Cuando perdemos a alguien que amamos profundamente, muchas veces creemos que la única manera de honrar ese amor es quedarnos atrapados en el sufrimiento. Como si volver a reír, disfrutar o sentir paz fuera una traición a la memoria de quien ya no está. También se nos hace natural pensar que es únicamente a través de el sufrimiento sin fin que vamos a mantenerlos cerca nuestro.
Durante mucho tiempo, muchas personas viven con esta idea silenciosa:
“Si dejo de sufrir, significa que estoy olvidando.”
Te pasa? Yo te confieso que a mi me venció ese pensamiento por mucho tiempo, aun teniendo hijos, ni eso me daba esperanza para sentir que algún día iba a volver a sonreír con ganas, no de esas risas para fingir estar bien, no, de la risa del corazón que vuelve a vivir.
Pero el amor verdadero no necesita que destruyamos nuestra vida para demostrar que existió.
En terapia, una de las cosas más importantes que procuro trabajar con las personas en duelo no es hacer que el dolor desaparezca. Porque hay vínculos tan profundos que probablemente siempre van a doler. Hay fechas que inevitablemente nos van a generar nostalgia, momentos donde siempre vamos a preferir que ellos estén..
Lo que buscamos no es sentir menos amor. No es borrar la ausencia. No es “superar” a quien amamos.
Lo que buscamos es aumentar nuevamente la capacidad de disfrutar la vida. Porque sanar no significa dejar de amar. Sanar significa aprender a vivir con ese amor de una manera distinta.
Hay un momento muy importante en los procesos de duelo donde la persona empieza a comprender algo profundamente transformador:
El amor que antes entregaba a esa persona ahora también puede ser depositado en su propio bienestar.
Amar puede convertirse en cuidar de nosotros. En alimentarnos mejor. En volver a caminar bajo el sol y disfrutarlo. Escuchar una canción que nos haga vibrar y hasta bailar. En permitirnos descansar. En construir vínculos sanos. En atrevernos a volver a vivir.
A veces creemos que amar a quien murió significa quedarnos congelados junto a su ausencia.Pero quizá amar también sea vivir por los dos.
Seguir adelante llevando dentro de nosotros todo lo que esa persona sembró.Convertirnos en la continuación del amor que compartimos.
Porque la muerte cambia la forma del vínculo, pero no le pone fin a una relación que comparte tanto amor.
Muchas personas sienten vergüenza de hablar de esto, pero después de una pérdida profunda es común seguir sintiendo conexión con quien partió. Recordarlos intensamente. Hablarles en silencio. Sentir paz al pensar en ellos. Percibir que el amor continúa existiendo de una manera diferente.
Y aunque cada persona vive esto desde su propia espiritualidad, hay algo profundamente sanador en comprender que el vínculo puede trascender la presencia física.
A veces la paz no llega cuando dejamos ir completamente a quien amamos.La paz llega cuando entendemos que podemos seguir conectados sin dejar de vivir.
Esa conexión requiere mucha profundidad espiritual. Requiere volver a nosotros mismos.Escuchar nuestro mundo interior. Aprender a habitar el silencio sin sentir que estamos abandonados.
Porque el duelo no siempre se trata de soltar. A veces se trata de transformar.
Transformar el dolor en una forma más amplia de amor. Un amor menos desesperado y más profundo y eterno.
Y poco a poco, algo cambia. No porque dejemos de extrañar. Sino porque comenzamos a descubrir que el amor puede convivir con la vida.
Que todavía podemos experimentar alegría. Todavía podemos sentir propósito. Todavía podemos tener momentos genuinos de paz.
Y entonces entendemos algo que parecía imposible al inicio del duelo:
No vinimos a dejar de amar, vinimos a aprender a amar de otra manera. Te dejo una guia gratuita de libros que pueden acompañarte en este proceso. No olvides seguirnos en nuestras redes sociales y en nuestro canal de YouTube.
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Versículo Lema: Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón. Salmo 34:18