La vida se detuvo

Una carta para las mamás que perdieron un hijo o hija

Querida mamá que hoy llora la muerte de un hijo, lo primero que quiero decirte es que LO SIENTO MUCHO, te acompaño en el dolor que hoy gobierna tu corazón al punto que físicamente duele el pecho y que parece imposible seguir adelante, incluso si tienes otros hijos, si, el dolor puede ser tan intenso que ni siquiera tener a tus otros hijos al frente puede ser motivo suficiente de alegría en medio de este desierto que vives, tranquila, se vale.Hoy sientes que el mundo siguió girando mientras el tuyo se detuvo, Perder a un hijo rompe el tiempo.

Hay un antes y un después que nadie puede borrar y nunca voy a venderte la absurda idea que la vida vuelve a ser como antes, porque no es así, lo que quiero es traer un poco de luz que te ayuda a incorporar un pequeño avance, siendo una mujer nueva luego de la partida de tu hijo o hija, puedes cuidarte y encontrar momentos donde el dolor no ocupe todo el espacio.

Y quizá, desde que ocurrió, has sentido una presión silenciosa. Algunas personas esperan que vuelvas a ser la de antes. Tal vez hasta tú misma has esperado despertar un día y sentirte como eras, y aun verte al espejo puede ser aterrador, porque no te encuentras, te ves el dolor en los ojos como si tu alma se asomara a contarte lo que siente.

Pero hay una verdad difícil que merece ser dicha con mucho amor, ese dolor intenso dice algo muy positivo de vos y ahí es donde viene un rayito de luz, te duelen las entrañas porque amas profundamente.

Ninguna mamá vuelve a ser igual después de despedir a un hijo. Porque cuando un hijo nace, también nace una mamá y eso te ha dado una identidad que cambia todo. Y cuando un hijo muere, esa mamá también cambia para siempre. No se trata de recuperar la vida que tenías, se trata de aprender, muy lentamente, a construir una nueva y la manera en la que encuentras ese camino de regreso a amarte es precisamente porque lo amas.

El amor por ellos puede convertirse, poco a poco, en el motor para cuidar de la única persona que seguirá llevando su historia por el resto de la vida: tú.

Y esa reconstrucción casi nunca se parece a lo que imaginamos porque no empieza bailando con alegría, en este momento tal vez ni siquiera puedes escuchar la música que antes llenaba el carro de bailes y risas. Hoy seguramente se ve cuando lloras al pasar frente a su cuarto, al ver su ropa, al oler sus cosas…

Quizá todavía te cuesta respirar algunos días y eso también es parte del camino.

Por eso quiero proponerte que dejes de medir tu bienestar con grandes metas, empieza a medirlo con pequeñas victorias. Una victoria puede ser comer un buen plato de comida hoy, aunque no tengas hambre.

Puede ser caminar diez minutos alrededor de la cuadra, no para hacer ejercicio, sino para recordarle a tu cuerpo que sigue vivo.

Puede ser salir unos minutos a recibir el sol y sentir su calor sobre tu piel.

Puede ser aceptar la invitación de una amiga para tomar un café, aunque al principio no tengas mucho que decir.

Puede ser integrarte a un grupo de apoyo donde no tengas que explicar el tamaño de tu dolor porque alguien más ya lo conoce.

Puede ser darte permiso para llorar, llorar sin pedir perdón, sin esconderte, sin sentir que debes ser fuerte todo el tiempo. Porque el dolor que encuentra un espacio para salir deja de consumir tanta energía por dentro.

Ninguna de esas cosas hará desaparecer la ausencia de tu hijo, nada puede hacerlo. Pero solo amándote vas a poder integrar eso amor para que el vínculo nunca desaparezca, desde el dolor y la autodestrucción no es posible acercarse a lo que es más fuerte que tu dolor, que es el amor. El amor tiene esa fuerza, y ese gran poder que un día te va a permitir reir con ternura al ver su foto y al ver lo mucho que te has cuidado por amor, por amor a ambos, porque amar no puede traer como precio la oscuridad ni la destrucción.

Pero cada una de esas pequeñas victorias le dice a tu corazón algo muy importante:

"Hoy elegí seguir cuidando la vida que mi hijo tanto amó."

Con el tiempo descubrirás que sanar no significa olvidar. No significa dejar de extrañar, no significa que un día dejarás de hablar de él o de ella. Sanar significa aprender a llevar el amor y el dolor en el mismo corazón sin que eso te haga daño. Y aunque hoy parezca imposible, llegará el momento en que esas pequeñas victorias empezarán a unirse.

Un día descubrirás que comiste mejor toda la semana, que volviste a reírte por unos segundos sin sentir culpa, que lograste dormir un poco más, que saliste de casa con menos miedo.

Que pudiste hablar de tu hijo sin que cada palabra te rompiera por completo, no porque lo hayas superado, sino porque, poco a poco, has aprendido a caminar con su ausencia.

Si hoy solo tienes fuerzas para una pequeña victoria, que sea suficiente.

No necesitas demostrarle nada a nadie, solo da el siguiente paso.

Hazlo por ti. Y también por ese amor inmenso que sigue existiendo, porque el amor no murió el día que tu hijo partió, el amor es ETERNO

Te dejo este enlace con videos sobre la muerte de un hijo y la referencia de un libro que puede ayudarte:

https://www.youtube.com/@AbrazosdeEsperanzas/videos

https://a.co/d/02hWVgBx

https://www.youtube.com/@equipopsicologiareal

Instagram: @sussy_dueloyvida


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Versículo Lema: Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón. Salmo 34:18

Sussy Villalta

Perfil Profesional: Especialista en procesos de duelo, pacientes en etapa terminal, familiares y cuidadores. Soy psicóloga clínica con una profunda vocación por acompañar a personas en momentos de alto impacto emocional. Mi enfoque se centra en procesos de duelo, la atención integral a pacientes terminales, así como el apoyo emocional a sus familiares y cuidadores, brindando un espacio seguro para navegar el dolor, el miedo y la transformación que trae consigo la pérdida. Trabajo también con personas que atraviesan crisis personales intensas, ayudándolas a encontrar sentido, desarrollar estrategias de afrontamiento emocional, resolver conflictos internos y promover el bienestar desde una mirada compasiva, humana y basada en evidencia. Creo en una terapia que acompaña, sostiene y no juzga. En cada proceso terapéutico busco fomentar la resiliencia, el autocuidado y la conexión emocional, adaptando mis intervenciones a las necesidades únicas de cada paciente. Trabajo en español o inglés con la misma fluidez, lo que me permite acompañar a pacientes de diversas culturas y contextos.

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