Renacer en tu maternidad

“Parte de comenzar bien el año es atreverse a nombrar las luchas más profundas, confiando en que el poder de Dios es suficiente para sostener aun en la maternidad”.

— Melissa Kruger

Para muchas madres, hablar de renacer al inicio de un nuevo año puede sentirse contradictorio. Existe el deseo de esperanza, pero también un cansancio acumulado. Se anhela empezar “bien”, aunque se venga de meses —o incluso años— marcados por desafíos emocionales, conflictos familiares, dificultades en la crianza, o una fe que permanece, pero se siente agotada.

Pero mamá, sabes que el cambio auténtico no comienza negando el dolor, sino reconociéndolo con honestidad. Dios no obra desde la negación, sino desde la verdad que te hace libre. El renacer  en la maternidad no implica aparentar fortaleza, sino permitir que la luz de Dios alcance aquellas áreas que han sido difíciles de nombrar.

Nombrar las luchas emocionales es un acto de valentía

Es común que las madres vean reflejadas sus reacciones emocionales en sus hijos. La frustración, el enojo, la impulsividad o la dificultad para regular emociones intensas suelen activar heridas personales y patrones aprendidos.

La psicología del desarrollo y del apego ha demostrado que los niños regulan sus emociones a través de la co-regulación con los adultos significativos. Esto implica que la crianza no se transmite únicamente mediante normas o palabras, sino a través de la forma en que los adultos gestionan sus propias emociones. Cuando una madre no reconoce sus luchas internas, es más probable que responda desde el agotamiento, la culpa o la rigidez.

Nombrar el cansancio emocional, la ansiedad, la culpa espiritual o la sensación de insuficiencia no debilita la maternidad; por el contrario, fortalece la integridad emocional y espiritual desde la cual se educa.  Las madres observan en sus hijos luchas que ellas mismas continúan enfrentando como adultas, lo cual puede generar vergüenza o la sensación de incoherencia: la idea de no poder enseñar aquello que aún cuesta vivir.

La clave es la humildad

La respuesta no es la perfección, sino la humildad: reconocer la dependencia total de Dios. Esta postura coincide con el concepto de modelado emocional saludable: cuando un adulto reconoce errores, repara el vínculo y busca ayuda, el niño aprende que equivocarse no rompe la relación.

La humildad no equivale a culpa constante ni a autosabotaje. Implica desplazar el foco del rendimiento personal y colocarlo en el carácter de Dios. Permite que los hijos comprendan que la fe se vive desde la gracia y no desde la exigencia.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

Esta verdad sostiene una crianza libre de condena y centrada en la redención.

Renacer en la maternidad implica:

  • Reconocer que la maternidad es un proceso, no una meta alcanzada.

  • Asumir la responsabilidad emocional y reparar el vínculo cuando se cometen errores.

  • Validar las emociones propias y las de los hijos, de acuerdo con su etapa de desarrollo.

  • Buscar acompañamiento espiritual y apoyo profesional cuando es necesario.

Desde este enfoque, la autoridad parental no se pierde; se fortalece a través de la conexión. Los hijos no necesitan madres perfectas, sino adultas emocionalmente disponibles y espiritualmente dependientes de Dios.

Educar desde la fe no implica ocultar las debilidades humanas, sino mostrar con claridad dónde se encuentra la ayuda. Cuando una madre reconoce, con coherencia y acciones, su necesidad de Dios, transmite a sus hijos que la fe es una relación viva y no un ideal inalcanzable.

Jesús es el mayor modelo de humildad:

“Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte” (Filipenses 2:6–8).

Criar desde esta perspectiva permite que el renacer deje de ser una expectativa irreal y se convierta en un camino cotidiano de gracia.

Te dejo una guia practica para renacer en tu maternidad

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Versículo Lema: “Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría.” Salmos‬ ‭94‬:‭19 RV-60

Naty Alvarado

Actualmente se encuentro cursando la maestría en clínica y salud mental, su enfoque terapéutico es integrativo, le gusta trabajar desde las necesidades de los pacientes y de las familias con una perspectiva siempre basada en la evidencia psicológica. Se ha formado y continua actualizándose en Trauma, disociación infantil y apego. 10 años de experiencia trabajando con población infanto-juvenil.

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