Renacer desde la conciencia: un enero para el alma y el sistema nervioso

Enero suele llegar con ruido. Promesas que parecen empujones, listas que pesan y mensajes que hablan de “empezar mejor” como si no hubieras dado ya pasos gigantes solo por llegar hasta hoy. 

Para muchas de nosotras que la ansiedad nos visita, estos mensajes lejos de motivar; realmente nos desregula, porque ese tipo de exigencia se topa con un sistema nervioso que ha aprendido a anticipar peligro incluso cuando ya no hay amenazas reales. 

La neurociencia nos recuerda que no somos víctimas de nuestra biología, que nuestros pensamientos y elecciones tienen impacto físico y emocional y que el cerebro puede cambiar a lo largo de toda la vida gracias a la neuroplasticidad, si aprendemos a dirigir nuestra atención con intención y repetición.

Por eso este mes no te propongo renacer desde la fuerza, sino desde la conciencia. No desde el “deber ser”, sino desde la verdad interior: ¿desde qué lugar estás viviendo hoy? ¿Supervivencia, culpa, autoexigencia o transición? Reconocerlo no es rendirse, es ser estratégica con tu bienestar.

En la Biblia, Jesús nos habla de renacer no como algo espectacular, sino como volver a encontrarse a uno mismo, como cuando le dice a Nicodemo que hay que nacer de nuevo (Juan 3). Renacer no es cambiar de piel como un traje; es volver a casa en tu alma, con compasión, sin juicios. Como lo podemos ver desde la ciencia y es que: “lo que pensamos con atención repetida da forma física a nuestro cerebro”. 

Este enero te propongo un ejercicio de 21 días, inspirado en la idea de renovación de la mente que propone el plan de desintoxicación cerebral del libro Enciende tu cerebro de la Dra. Caroline Leaf, un proceso que toma pocos minutos al día, pero que puede producir cambios duraderos si se hace con intención y constancia. 

Durante 21 días, dedica 7–10 minutos diarios a un pequeño ritual de renacer:

  1. Trae a la conciencia un pensamiento que te pesa —algo como “no soy suficiente” o “debo hacerlo todo bien”. Este acto de traer el pensamiento a la luz es como dejar la carga junto a la cruz para observarla. 

  2. Reflexiona con foco y oración detente en ese pensamiento y pídele al Espíritu que te muestre la verdad detrás de él. Es como cuando los discípulos caminaban con Jesús y, de repente, sus ojos se abrieron a otra realidad (Lucas 24). Permítete ver ese pensamiento desde otra luz.

  3. Escribe lo que descubriste: ¿qué emoción se esconde detrás? ¿qué verdad contraria puedes elegir? Escribir convierte lo abstracto en tangible como escribir un salmo propio, con honestidad.

  4. Reemplaza ese pensamiento por uno más sano y verdadero.
    En la escritura cristiana, Pablo invita a tomar cautivo cada pensamiento para alinearlo con la paz de Dios (2 Corintios 10:5). Hoy, esto puede verse como elegir conscientemente un pensamiento que nutra tu bienestar.

  5. Actúa: elige una acción pequeña pero real que apoye ese nuevo pensamiento durante tu día (una respiración profunda cuando aparezca la ansiedad, un paseo corto, un recordatorio amable en tu teléfono). Esta parte es clave: lo que pensamos sin acción se queda en la cabeza; lo que hacemos con intención empieza a reconfigurar el cerebro y la experiencia emocional.

Haz este ciclo cada día, a la misma hora si puedes. Ve observando cómo, día tras día, tu experiencia interna cambia: a veces es suave; otras veces es silenciosa. Muchas veces, el progreso no hace ruido, pero la transformación sucede.

En este proceso, te invito a recordar que tu cuerpo no es un obstáculo, sino un señalador leal que te habla. Cuando tu respiración se acelera, cuando tu estómago se tensa, tu sistema está diciendo algo importante: escucha. No para controlar, sino para cuidar.

Y si la fe ha sido parte de tu camino, que sea una fe que sostiene, no que empuja. Una fe que te acompaña en tus silencios, no que te exige perfección. Una fe que te mira y te dice: “Estoy contigo en cada paso, incluso cuando caminas despacio”.

Renacer no es empezar de cero. Renacer es volver a vos, es reconocer tus heridas como parte de tu historia, escucharlas con honestidad, y darte permiso para transformarlas poco a poco. Este enero, celebra cada respiración más tranquila, cada límite nuevo, cada acto de compasión contigo. Eso es renacer.

Y recuerda: incluso los brotes más silenciosos son vida que vuelve a surgir.

“Él restaura mi alma; me guía por sendas de justicia por amor de su nombre.”Salmo 23:3


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Versículo Lema: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones! ¡Seré enaltecido en la tierra!” Salmo 46:10 NVI

Pame González

Costarricense, licenciada en Psicología Clínica con más de 10 años de experiencia dedicada al acompañamiento de pacientes en el viaje de la vida, Master en Psicología Clínica y de la Salud Mental. Su enfoque terapéutico se fundamenta en la teoría cognitivo-conductual, buscando proporcionar herramientas necesarias para afrontar y superar sus desafíos emocionales. Durante su trayectoria profesional, se ha desempeñado en una amplia variedad de casos, desde trastornos de ansiedad, depresión, trauma, abuso espiritual, relaciones interpersonales entre otros. Actualmente, labora realizando talleres, terapia individual y terapia grupal en el equipo de psicólogos de la psicóloga Alejandra Sanabria, Psicología Real desde una perspectiva científica y bíblica.

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