CUANDO LA ANSIEDAD ACELERA EL DUELO

Hay una pregunta que la ansiedad hace una y otra vez cuando estamos procesando un duelo:
— Pame González

¿Cuándo voy a volver a sentirme como antes?

Y es que, cuando estamos viviendo un duelo, esa pregunta puede aparecer cientos de veces al día, acompañada de una urgencia y una necesidad de sentirnos como antes lo más pronto posible.

Queremos saber cuándo dejará de doler, cuándo volveremos a dormir bien, cuándo podremos concentrarnos otra vez, cuándo dejaremos de llorar al recordar a esa persona o cuándo recuperaremos las ganas de hacer cosas.

La ansiedad busca certeza. Quiere fechas, garantías y respuestas rápidas. Nos hace creer que, si encontramos la explicación correcta, el malestar desaparecerá; que se trata de seguir ciertos pasos y no de integrar una pérdida en nuestra vida, algo que requiere un ritmo mucho más profundo.

EL DUELO TIENE OTRO RITMO

El duelo no funciona con calendarios.

No sigue una línea recta.

Hay días en los que sentimos un poco de alivio y otros en los que una canción, un olor, una fotografía o un lugar hacen que el dolor vuelva con una intensidad inesperada.

Y eso no significa que estemos retrocediendo.

Significa que estamos aprendiendo a vivir con una ausencia importante.

CUANDO LA ANSIEDAD SE MEZCLA CON EL DUELO

Muchas veces no solo sufrimos por la pérdida; también sufrimos por la preocupación de cómo estamos viviendo esa pérdida. Evaluamos si el tiempo, la forma y la manera en que la estamos transitando son correctos. Es ahí donde la ansiedad entra como protagonista, tratando de controlar el dolor e, incluso, en ocasiones, evitarlo como un mecanismo para no sentir.

Por supuesto, lo hace con una intención que parece buena: que no nos duela lo que estamos viviendo. Pero la realidad es que hay cosas en la vida que pueden y van a doler.

Entonces la ansiedad nos lleva a pensar cosas como:

  • "Ya debería estar mejor."

  • "¿Por qué sigo llorando?"

  • "¿Y si nunca vuelvo a ser la misma persona?"

  • "No tengo energía para nada."

  • "Me siento culpable cuando me río o disfruto algo."

Entonces aparece una segunda capa de dolor: la presión por estar bien.

Y la realidad es que muchas veces el sufrimiento aumenta cuando intentamos acelerar un proceso que necesita tiempo.

El corazón no sana por obligación.

Y el duelo no es una tarea que se complete más rápido por exigirnos más.

UN VERSÍCULO PARA LOS DÍAS DIFÍCILES

Lo primero que necesitamos es comprensión hacia nosotros mismos. En procesos emocionales como estos, la respuesta no está en el cómo, el cuándo o el dónde, sino en poder transitar con amor y cuidado lo que estamos sintiendo, cuando lo estemos sintiendo y donde lo estemos sintiendo.

Hace poco leía que el dolor nos transforma, y creo que, en definitiva, eso es una verdad. Me recuerda el versículo que dice que todas las cosas nos ayudan para bien. No significa que necesariamente todo vaya a salir bien, sino que, aun en medio de todo lo que no salió bien, existe una esperanza y una oportunidad para que ese dolor transforme nuestra alma.

"El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado."
Salmo 34:18

Lo que más me conmueve de este versículo es lo que no dice.

  • No dice que Dios apresura el duelo.

  • No dice que elimina inmediatamente el dolor.

  • No dice que espera que seamos fuertes todo el tiempo.

Dice que está cerca. Sin invadir. Acompañando desde la genuinidad, desde la calma, desde la esperanza y desde la cercanía. Está presente en cada una de nuestras transiciones, por más confusas y dolorosas que sean.

¿QUÉ PODEMOS DECIRLE A NUESTRA MENTE?

"El Señor está cerca..."

Cuando la ansiedad nos lleva al futuro —"¿Qué va a pasar conmigo?"— este versículo nos recuerda una verdad sencilla: no estamos solos en este momento.

"...de los que tienen quebrantado el corazón"

Dios no se aleja de quienes se sienten rotos. El dolor no es una señal de fracaso espiritual.

"...él rescata a los de espíritu destrozado"

Habla de alguien cansado, herido, sin fuerzas. Precisamente ahí es donde Dios promete acercarse.

UN EJERCICIO PRÁCTICO PARA LA ANSIEDAD Y EL DUELO

La próxima vez que sientas que tu mente empieza a preguntarte:

"¿Cuándo se va a acabar este dolor?"

Prueba esto:

  1. Haz una pausa de 60 segundos.

  2. Respira lentamente.

  3. Lee en voz baja el Salmo 34:18.

  4. Pregúntate:

    • ¿Qué cambiaría si, por un momento, dejara de buscar respuestas y recordara que Dios está cerca?

    • ¿Cómo puedo cuidarme hoy, sin exigirme resolver todo mi duelo?

La ansiedad quiere correr hacia el futuro buscando certezas.

El duelo, en cambio, nos invita a caminar paso a paso.

Y quizá la meta no sea dejar de extrañar rápidamente, sino aprender a atravesar el dolor con más compasión hacia nosotros mismos.

No necesitas tener todas las respuestas para seguir avanzando.

A veces, el siguiente paso no es entender el dolor.

Es permitirte caminar acompañado en medio de él.

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Versículo Lema: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones! ¡Seré enaltecido en la tierra!” Salmo 46:10 NVI

Pame González

Costarricense, licenciada en Psicología Clínica con más de 10 años de experiencia dedicada al acompañamiento de pacientes en el viaje de la vida, Master en Psicología Clínica y de la Salud Mental. Su enfoque terapéutico se fundamenta en la teoría cognitivo-conductual, buscando proporcionar herramientas necesarias para afrontar y superar sus desafíos emocionales. Durante su trayectoria profesional, se ha desempeñado en una amplia variedad de casos, desde trastornos de ansiedad, depresión, trauma, abuso espiritual, relaciones interpersonales entre otros. Actualmente, labora realizando talleres, terapia individual y terapia grupal en el equipo de psicólogos de la psicóloga Alejandra Sanabria, Psicología Real desde una perspectiva científica y bíblica.

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