¿Y si tu ansiedad no fuera el problema, sino la señal?

No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.
— Filipenses 4:6

Leyendo este versículo, pensaba que la frase "no se preocupen por nada" es, de alguna manera, un llamado a la acción. No nos deja solamente con el típico "ay, no te preocupes" que solemos escuchar cuando quizá la otra persona —o incluso nosotros mismos— no sabemos qué decirle a una mente llena de inquietud.

Lo interesante es que inmediatamente después nos dice qué hacer: "En cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho".

Y es que, si lo vemos en perspectiva, la ansiedad puede llevarnos a aislarnos, a callar porque "nadie nos va a entender", a evitar sentir o pensar en aquello que nos duele, y a hacer cualquier cosa menos hablar o transitar nuestras emociones.

Es curioso porque, si seguimos leyendo el versículo, encontramos la respuesta:

"Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús".

Y si en realidad no te estoy hablando de los típicos consejos que quizá hemos recibido durante años, como:

  • "Ora más."

  • "Confía en Dios."

  • "No pienses tanto."

  • "Relájate."

Te estoy hablando de algo más profundo: dar el primer paso para escucharnos a nosotros mismos y hablar de aquello a lo que, durante mucho tiempo, le hemos huido.

Si bien es cierto que todas estas frases suelen venir de una buena intención, muchas veces terminan haciéndonos sentir aún peor porque, a pesar de orar y confiar en Dios, la ansiedad sigue ahí.

Y entonces aparece una pregunta llena de incertidumbre y dolor:

¿Qué está mal conmigo?

Y la respuesta suele ser:

Nada. Solo eres humana.

La ansiedad no siempre significa que estás haciendo algo mal. Tampoco significa que tu fe sea débil. Muchas veces es la forma en que tu sistema nervioso intenta protegerte de circunstancias que interpreta como peligrosas, ya sea porque realmente lo son o porque percibe que podrían serlo.

LA ANSIEDAD ES UNA ALARMA, NO UN ENEMIGO

Imagina la alarma contra incendios de una casa.

Su trabajo no es molestarte.

Su trabajo es avisarte cuando percibe peligro.

La ansiedad funciona de manera similar.

Tu cerebro detecta una amenaza —real o percibida— y activa mecanismos de protección para ayudarte a sobrevivir.

Por eso aparecen síntomas como:

  • corazón acelerado;

  • tensión muscular;

  • dificultad para concentrarte;

  • pensamientos catastróficos;

  • sensación constante de alerta;

  • necesidad de tener todo bajo control.

Tu cuerpo no está tratando de dañarte.

Está intentando cuidarte.

El problema aparece cuando la alarma permanece encendida incluso cuando el peligro ya pasó.

A VECES EL CUERPO RECUERDA LO QUE LA MENTE INTENTA OLVIDAR

Muchas personas con ansiedad no están reaccionando únicamente a lo que ocurre hoy. También están reaccionando a años de:

  • estrés acumulado;

  • exigencia constante;

  • heridas emocionales;

  • abandono;

  • relaciones inseguras;

  • experiencias traumáticas;

  • ambientes donde nunca pudieron sentirse completamente seguras.

El cuerpo tiene memoria.

Y cuando hemos vivido demasiado tiempo en modo supervivencia, podemos seguir reaccionando como si el peligro todavía estuviera presente.

Y, a veces, el caos era nuestra realidad cotidiana. Por eso miramos nuestra historia y pensamos que "no fue para tanto" o que hay personas con experiencias mucho más difíciles.

Sin embargo, no se trata de comparar sufrimientos ni de juzgar lo que vivimos. Se trata de reconocer la inseguridad emocional en la que pudimos haber crecido y cómo nuestro sistema nervioso tuvo que adaptarse para sobrevivir.

LO QUE JESÚS NOS MUESTRA SOBRE EL DESCANSO

Algo hermoso que vemos en los discípulos y en sus historias de vida es que Jesús nunca perdió de vista que eran seres humanos con capacidades limitadas y necesidad de descanso.

Como podemos leer en Marcos 6:31:

"Entonces Jesús les dijo: «Vayamos solos a un lugar tranquilo para descansar un rato». Lo dijo porque había tanta gente que iba y venía que Jesús y sus apóstoles no tenían tiempo ni para comer".

Jesús entendía algo importante: como seres humanos, nos resulta fácil olvidar que necesitamos descanso, conexión, apoyo y recuperar fuerzas.

Por eso, una espiritualidad sana no ignora las necesidades del cuerpo ni las del alma. Más bien, nos recuerda la importancia de cuidar todas las áreas de nuestra vida, porque somos seres integrales.

CUATRO PASOS PARA RECUPERAR LA CALMA Y EL BIENESTAR EN MEDIO DE LA ANSIEDAD

1. Escucha la alarma en lugar de pelear con ella

Pregúntate:

  • ¿Qué está intentando decirme mi ansiedad?

  • ¿Qué necesidad no estoy atendiendo?

  • ¿Qué carga he estado sosteniendo sola?

La ansiedad suele señalar algo que necesita atención.

2. Regresa al cuerpo

La ansiedad vive en los pensamientos, pero también en el sistema nervioso.

Algunas prácticas útiles son:

  • respiración profunda;

  • caminar;

  • estirarte;

  • pasar tiempo en la naturaleza;

  • dormir adecuadamente.

Cuando el cuerpo se siente seguro, la mente también comienza a sentirse más segura.

3. No atravieses esto sola

La ansiedad prospera en el aislamiento.

Dios nos diseñó para vivir en comunidad.

Hablar con alguien de confianza, un terapeuta o una persona segura puede ser una parte importante del proceso de sanidad.

4. Lleva tus preocupaciones a Dios, pero también sé amable contigo

Filipenses 4:6 no es una orden para reprimir emociones.

Es una invitación.

Dios no te pide que finjas que estás bien.

Te invita a acercarte con todo lo que llevas dentro: tus dudas, tus miedos, tus preguntas y tus lágrimas.

UNA VERDAD QUE QUIZÁS NECESITAS RECORDAR HOY

La ansiedad no define quién eres.

Es una experiencia, no una identidad.

Puedes sentir ansiedad y seguir siendo valiente.

Puedes sentir ansiedad y seguir confiando en Dios.

Puedes sentir ansiedad y seguir avanzando.

Y aunque hoy tu sistema nervioso esté cansado, eso no significa que siempre será así.

Hay esperanza.

Hay sanidad.

Y no tienes que recorrer este camino sola.

"La ansiedad no es un problema que eliminar; es una señal que aprender a escuchar."

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Versículo Lema: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones! ¡Seré enaltecido en la tierra!” Salmo 46:10 NVI

Pame González

Costarricense, licenciada en Psicología Clínica con más de 10 años de experiencia dedicada al acompañamiento de pacientes en el viaje de la vida, Master en Psicología Clínica y de la Salud Mental. Su enfoque terapéutico se fundamenta en la teoría cognitivo-conductual, buscando proporcionar herramientas necesarias para afrontar y superar sus desafíos emocionales. Durante su trayectoria profesional, se ha desempeñado en una amplia variedad de casos, desde trastornos de ansiedad, depresión, trauma, abuso espiritual, relaciones interpersonales entre otros. Actualmente, labora realizando talleres, terapia individual y terapia grupal en el equipo de psicólogos de la psicóloga Alejandra Sanabria, Psicología Real desde una perspectiva científica y bíblica.

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