«¿Cómo te fue en el colegio?»
—Bien.
«¿Qué hiciste hoy?»
—Nada.
«¿Te pasa algo?»
—No.
«¿Querés contarme?»
—No sé.
Si tenés un hijo adolescente, probablemente te sientas identificada con estas palabras. Son los monosílabos más famosos y frustrantes de la adolescencia, quizás recordás cuando era pequeño y te contaba absolutamente todo: lo que ocurrió en el recreo, quién era su mejor amigo o incluso los detalles más pequeños de su día. Ahora, en cambio, pareciera que necesitás hacer diez preguntas para conseguir una respuesta de más de dos palabras.
Pero ¿qué pasa con la adolescencia en su forma de comunicarse?
Durante la adolescencia ocurren transformaciones importantes en la manera de relacionarse con los demás. Ellos comienzan a desarrollar una mayor necesidad de independencia, privacidad y autonomía. ¿Qué significa esto? ellos desean tener mayor participación en decisiones que anteriormente estaban bajo el control de los padres, incluyendo algo tan cotidiano como decidir qué quieren contar y qué prefieren mantener en privado.
Soenens y Vansteenkiste (2024), en una revisión científica publicada por Cambridge University Press, explican que el desarrollo de la autonomía tiene un papel fundamental en la disposición de los adolescentes para compartir información con sus padres. Los investigadores señalan que los jóvenes tienden a comunicarse más voluntariamente cuando perciben que sus padres respetan su autonomía, en comparación con aquellas relaciones en las que experimentan una comunicación controladora. Interesante, ¿no? entre más autonomía y respeto tengas de su desarrollo mayor confianza tendrá tu hijo en ti.
Naty, a veces siento que mis preguntas se sienten como un interrogatorio
Familia, imaginá que llegás a casa después de un día agotador de trabajo y, antes de tener oportunidad de descansar, alguien comienza a preguntarte:
«¿Qué hiciste?», «¿Con quién estuviste?», «¿Por qué no me contaste?», «¿Qué te pasa?».
Aunque esas preguntas puedan surgir del interés y el cariño, también podrían experimentarse como una exigencia de dar explicaciones.
En un estudio longitudinal publicado en Journal of Youth and Adolescence, Song y Smetana (2024) encontraron que el control psicológico parental se relaciona con una menor disposición de los adolescentes a compartir información personal. Más recientemente, Selçuk (2026) estudiaron a 1.215 adolescentes de ocho países y encontraron que cuando los jóvenes percibían un control excesivo por parte de sus padres, tendían a compartir menos información sobre sus actividades.
El control puede dañar los vínculos de tu relación con tu hijo, seguramente te preguntas entonces, tengo que dejar de preguntar y dejar que ellos inicien la conversación?, familia la diferencia está en cómo se pregunta, cómo reaccionas ante las respuestas y cuánto espacio dejas para que tus hijos participen voluntariamente en la conversación.
En ocasiones, los adolescentes todavía están intentando comprender sus propias experiencias emocionales. Pueden sentirse frustrados, cansados, confundidos o abrumados sin tener completamente claro qué les ocurre. Por eso, no debes interpretar automáticamente un «bien» como una emoción reprimida, un «nada» como una mentira o un «no sé» como una actitud desafiante. Deja de observar estas respuestas como faltas de respeto o «malacrianzas».
Cinco formas de favorecer la comunicación con tu adolescente.
1. Cambiá el interrogatorio por la curiosidad.
En lugar de realizar muchas preguntas consecutivas, intentá iniciar conversaciones más naturales. Podés preguntarle qué le pareció una situación, qué piensa sobre algo que le interesa o compartir primero una experiencia de tu propio día.
2. No conviertas cada conversación en una oportunidad para corregir.
Si cada vez que tu adolescente comparte algo recibe inmediatamente una crítica, un sermón o una consecuencia, es posible que comience a pensarlo dos veces antes de volver a contarte.
Escuchar primero no significa renunciar a orientar o establecer límites.
3. Respetá el momento.
A veces los adolescentes están más dispuestos a conversar mientras realizan otra actividad: durante un viaje en carro, al preparar algo de comer o al compartir un interés.
No todas las conversaciones importantes necesitan comenzar con un «tenemos que hablar».
4. Validá antes de aconsejar.
Si tu adolescente finalmente decide contarte algo difícil, procurá comprender su experiencia antes de ofrecer soluciones.
Expresiones como «entiendo que eso te haya molestado» o «contame un poquito más» pueden facilitar que la conversación continúe. Recuerda, validar una emoción no significa aprobar todas las conductas.
5. Mantené la disponibilidad sin exigir una respuesta inmediata.
Podés decirle:
«No tenés que contarme todo ahorita. Quiero que sepás que me interesa lo que te pasa y que podemos hablar cuando estés listo».
¿Cuándo debería preocuparme?
Presta atención a los cambios significativos, no es lo mismo un adolescente que habitualmente responde poco a sus padres, pero disfruta conversar con sus amigos y participar en sus actividades, que uno que progresivamente deja de comunicarse con todas las personas, se aísla, pierde interés en aquello que disfrutaba o muestra un malestar emocional persistente. En estos casos, resulta importante explorar qué está ocurriendo, sin asumir que se trata únicamente de una característica de la edad y buscar ayuda profesional.
NOTA IMPORTANTE
Quizás piensas que tu adolescente ya creció y no necesita más de sus padres, tu adolescente todavía necesita adultos que lo escuchen, le ofrezcan orientación, establezcan límites adecuados y permanezcan emocionalmente disponibles, pero al mismo tiempos también necesitan sentir que su voz, sus tiempos y su privacidad son respetados.
Así que la próxima vez que le preguntés «¿cómo te fue?» y recibás un «bien», recordá que no necesariamente tenés que conseguir cinco palabras más para demostrar que existe una buena relación. A veces, lo verdaderamente importante no es cuánto te cuenta tu adolescente hoy, sino qué tan seguro se siente de poder acudir a vos cuando realmente necesita hablar.
Referencias bibliográficas
Selçuk, Ş., et al. (2026). A longitudinal study of parental solicitation, rule-setting, and psychological control as predictors of adolescent disclosure across more individualistic and more collectivistic countries. Journal of Youth and Adolescence, 55, 516–535. https://doi.org/10.1007/s10964-025-02311-8
Smetana, J. G., Li, Y., & Mncwabe, S. (2024). Voluntariness, timing, and consistency in adolescent routine disclosure and lying to parents. Journal of Adolescence, 96(1), 152–166. https://doi.org/10.1002/jad.12265
Soenens, B., & Vansteenkiste, M. (2024). How can parents monitor adolescents' activities and encourage volitional disclosure? A self-determination theory perspective. En The Cambridge Handbook of Parental Monitoring and Information Management during Adolescence (pp. 68–89). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781009418652.005
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Frase Lema: “Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría.” Salmos 94:19 RV-60